Eusebio Ruvalcaba - Los Botones (fragmento)
Diccionario Inofensivo, Ensayo sobre las Cosas. Colección Marea Alta, Editorial Lectorum, 2001
De esto hace décadas.
Había una película que trataba acerca de estos botones, los señores que acuden a la administración del hotel cuando el dependiente oprime un timbre.
La protagonizaba -¿la dirigía también?- Jerry Lewis, y la gente no paraba de reír.
Porque era una situación absurda tras otra.
La cinta se llamaba justo así, El Botones.
Pocas cosas causan tanta irritación como percatarse de que, al momento de ponérsela, a la camisa, al saco o la prenda que se desee se le ha caído un botón.
Entonces el usuario se enfurece.
Porque el tiempo se le está yendo y ha decidido con antelación cómo vestirse.
En ese momento su cerebro sufre un vuelco, o mejor dicho una sobreirrigación: todo en ese más o menos útil órgano se descuece por dar respuesta a dos preguntas básicas:
1) ¿En dónde se perdió el dichoso botón?
2) ¿Habrá uno igual, y, en caso de haberlo, quién podrá colocarlo?
Evidentemente, son dos preguntas sin respuesta.


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